
NPB
HACEMOS LO QUE PODEMOS...

Me despierto y siento un calor en mi espalda. Al darme vuelta, me golpea el rostro un aliento pestilente y una bruma de pelos me nubla la vista. Ese aroma rancio entibia la cama y me obliga a quedarme para no sufrir del gélido aire del exterior. Las sábanas sucias son confortables; los fluidos despedidos sobre ellas tienen un poder magnético.La compañía nocturna de una mujer tiene un valor incalculable. El calor del otro, la textura de la piel, los pies fríos; todo se conjura en un ritual que mezcla placer, virilidad y depravación, que lleva al ser humano a perder, afortunadamente, todo tipo de frenos y tabúes. El Ser deja de existir, la identidad se pierde y afloran, desaforados, todos los instintos animales que nuestra genética trae impresos para trasladarnos, al menos por unos momentos, a un estadio de goce supremo y primitivo. Después de esos momentos, la maldita Moral vuelve a su primer lugar y nos recuerda nuestra triste identidad, para arrancarnos de ese trance de fruición en el que estábamos sumergidos.
Los espasmos cortan el trance y poco a poco, nuestros músculos vuelven a tener conciencia, desde el centro de nuestra rigidez hacia las extremidades de nuestro cuerpo. La electricidad nos golpea por último en el cerebro, quitando sensibilidad en nuestro tacto primero y después en nuestro olfato y nuestro oído, para dar paso a un mundo visual del cual no éramos concientes. Vacíos ya, recobramos nuestro juicio.

Miramos al techo, las paredes, el entorno. El pecho todavía late fuerte. El roce de las pieles está cargado de estática. Los párpados de plomo. La sensación es una combinación de alegría y melancolía. Lo primero, por haber cumplido con la tarea encomendada por nuestra biología, vaciar nuestra alma en otro Ser. Lo segundo por el sentimiento de soledad que nos rodea y por extrañar, ya, el ritual terminado. Sabemos que ya es hora de volver a la jaula-sociedad.
La ropa bien arreglada, los zapatos bien atados. Ahora hay que volver a la “vida”. ¿Existe vida en otro planeta? ; ¿existe vida fuera del lecho?. La vida “lecho afuera” parece ser una vida sin identidad, angustiante, siempre se está a la expectativa, siempre se quiere volver, o a lo sumo, se quiere ir a algún otro lecho. A buscar asilo y refugio en ese templo de la vida o del placer, que a esta altura, podríamos decir, son cosas muy parecidas, sino la misma.
Aquel que no experimentó las sensaciones del Amor no puede jactarse, aun, de ser humano. Solo después de estas uno puede considerarse tal. Por duro que parezca. La verdadera esencia sólo se representa después, nunca, antes, puede ser corporizada. Porque aunque las prácticas onanistas pueden malentretener al hombre, su esencia sólo se conforma después del pasar por el otro.
En el rito del Amor, la ceremonia de iniciación suele estar plagada de temores. Nuestra sociedad ha contribuido a eso imponiéndole al Amor una maliciosa cuantificación que hace que dicha ceremonia sea un martirio para algunos corazones débiles; haciéndoles olvidar el componente Animal e irracional que lleva implícito el acto amatorio.
“Hasta Cuando Con Esto”
Hace calor, la remera blanca se me pega al cuerpo. En este bar hay más humedad que en un sauna. La encargada es una chica linda que sale de la barra para traerme la lágrima que le pedí. Debe andar por los treinta años, tienen un pantalón de gimnasia negro que le redondea bien las nalgas y una remera violeta que le marca la delgadez y la cintura. Una cara muy linda y el pelo atado con una cola de caballo.
Las mesas son de nerolite verde y blanco con bode de madera y las sillas de caño, negras; un par de heladeras con gaseosas en un rincón, un par de cajones de porrón en otro. Las paredes están pintadas unas de verde agua y otra de un color ocre suave, el techo es blanco. Bien decorado, austero. De fondo está sonando un regetón, como la mayoría, asqueroso. Después, britni spirs. ¡Que asco britni spirs! Y pensar que me gustaba, (tenía trece años; lo se, no es excusa).
Quiero mirar para afuera pero la luz me rebota en los lentes rayados y desde la penumbra me dificulta ver hacia la calle, iluminada con el sol del medio día.
Tengo pensado encontrarme con un transero para escribir un trabajo y se me ocurre que puede ser en un bar como este. Estoy cagado, si fuese en un bar así, habría poca gente, pocos testigos. Me lo imagino más malo que Tony Montana, el Scarface de Brian De Palma. Se nota que tengo idea; más vale que haga bien la onda porque sino me puedo llevar un lindo cagazo.
“Hasta Cuando Con Esto”
La muerte de un ser humano provoca gran cantidad de emociones. Más si esa muerte es un asesinato. Ese asesinato ocurrió y generó gran cantidad de sensaciones. No nos referimos al círculo específicamente afectado, sino a los que esta noche van a poder dormir tranquilos porque ya no se van a acordar que 24 horas antes asesinaron a un taxista.
En los momentos de crispación, a mi entender, es cuando sale a la luz la verdadera persona que todos llevamos dentro; o por lo menos una parte de ella y el corte de calle llevado a cabo por los tacheros y el paro general convocado por la CGT ha crispado a algunos y ha enfurecido a otros.
Como pase de factura podemos decir que la hipocresía se lleva el primer puesto desde el momento en que los tacheros decidieron cortar las calles. No por quitarle legitimidad a la medida sino porque, igual que el campo, igual que los chacareros de ciudad y muchos otros sectores de nuestra sociedad han criticado el denominado “piquete” (termino arrebatado a los piqueteros, personas que protestan por la imposibilidad de entrar al mercado laboral), pero lo han utilizado a gusto cuando se vieron afectados por algún problema y probablemente vuelvan a criticarlo cuando los utilicen otras personas.
Otro de las facciones que ha dejado entrever la irritación ha sido la falta de solidaridad, algo en franca decadencia en la sociedad argentina, que hay que decirlo, aflora sinceramente en la época de grandes catástrofes, pero que escasea en el corriente día a día. “Así no resuelven nada, para que carajo cortan” podría decir una señora cualquiera que quiere llegar en colectivo hasta la Plaza Sarmiento y que va a tener que caminar un buen trecho para lograrlo. Como si un gremio al que le matan un trabajador por año no tuviera un poco, solo un poco de derecho de manifestar su bronca, inseguridad y cuantas cosas más cortando una calles, cuando hace solo unos días, tal vez, la misma señora salió a cortar Avenida Belgrano con su estridente olla de teflón porque una Presidenta “autoritaria” dirían unos, “zurda” dirían otros y hasta alguna señora progresista indignada remataría “que esta negrita se vaya con Chavez” le subió las retenciones.
Cuando estaba caminando hacia el centro de la ciudad, mientras todos huían de él, pasé por un kiosco para comprar unos chicles y escuché al kiosquero que le comentaba indignado a un cliente sobre el tratamiento que seguramente tendrían los delincuentes que asesinaron al taxista si los atraparan. “Los derechos humanos son para los delincuentes” comentó indignado (se ve que era consciente de su condición de “subhumano”) y agregó algo sobre “las de plaza de mayo que rompen las pelotas con los derechos humanos” pero justo me vino una arcada y me tuve que ir del lugar. Por suerte con chicles en el bolsillo para detener a la bilis que me subía desde el esófago. Es bueno saber que el Nacionalsocialismo ha calado hondo en el espíritu nacional y que se corporiza en esa hermosa frase. Tal vez en unos años gente como ese entrañable kiosquero pueda jactarse de que se haya efectuado un nuevo Holocausto en la Argentina eliminando a los inmigrantes de países limítrofes o tal vez (quien sabe si mejor para este trabajador) eliminando a toda la gente que vive en villas, sin distinguir nacionalidad.
El problema no se va a resolver de la noche a la mañana, faltan años para eso si se hacen bien las cosas y décadas si se hacen mal o no se hacen. Mientras, como desde estos espacios electrónicos no podemos resolver el problema nos contentamos con analizar a nuestros “queridos conciudadanos”.
“Hasta Cuando Con Esto”
Hay un lugar inhóspito donde ciertos hombres nos sentimos solos, los hombres de ciudad. Los del asfalto y el embotellamiento, los de zapatos y camisa limpia, los de manos sin callos y uñas sin tierra. Ese lugar; ese lugar se llama Campo.
En los últimos días se han producido rispideces entre las personas de ese “lejano” lugar y el gobierno nacional. Llamó la atención la participación de hombres y mujeres de ciudad; personas que lo más cerca que han estado del Campo es en el asado del domingo, además de que a ninguno se le escapó un “blancos de mierda, dejen de cortar rutas”. Da la impresión de que la protesta vale, para la clase media, cuando la hacen sectores con cierto poder económico y para las clases altas, solo cuando las hace la “gente como uno”.
Esta falta de solidaridad es una característica frecuente en la vida política argentina donde “esta todo bien” hasta que me tocan a mí.
“Hasta Cuando Con Esto”
La ciudad de Rosario es conocida hoy por cuestiones como su actividad cultural, su transporte urbano en crisis, su centro siempre congestionado, sus calles sucias e inclusive su red de Wi-Fi en peatonal Córdoba, obra del edil Boasso, que en una ciudad con la pobreza de la nuestra y con un gobierno socialista llama bastante la atención. Pero hay un aspecto que la hace más célebre aún. Sus mujeres. Son reconocidas por propios y extraños. Son un aliciente para la vida agitada del local y un atractivo turístico para el visitante. Nada como caminar por la ciudad siempre en compañía de unas buenas caderas y unas bellas sonrisas.
Tal vez fue culpa del crisol de razas o de alguna mística local maligna, lo cierto es que las malditas (o benditas) Rosarinas; si, con mayúscula; tienen tanto de hermosas como de histéricas. Aman jugar con nosotros, nuestros sentimientos y nuestras erecciones. Eso sí, cuando aman lo hacen en serio; lastima que no sea seguido.
La mujer vernácula es animal nocturno y se concentra en cantidades en algunos lugares, esto dificulta su presa y pone agresivos a los machos “viriles” de los suburbios, que luchan a zarpazos por arrancar las ropas de las voluminosas hembras.
Ya se escribió suficiente, me voy detrás de unas caderas.“Hasta Cuando Con Esto”
Cómo cada 2 de Abril el Gobierno y la sociedad toda, a través de diversas formas, rinde tributo a los Ex Combatientes de Malvinas; se pueden observar en los diarios, en la TV, como en otros medios que la “preocupación” por esas personas que fueron obligadas a defender la patria, en una guerra absurda y digitada desde el máximo poder por un alcohólico, se eleva hasta niveles insospechados; actos conmemorativos, imágenes en Crónica de los desembarcos, y soldados ex combatientes que son llevados a las escuelas para dar charlas son algunas de las formas en que se intenta rendir tributo a personas que, sin saber lo que era vivir, fueron enviados al mayor suplicio al que se puede someter a un ser humano.“Hasta Cuando Con Esto”